Rumbos claros desde el primer día
Antes de caminar, definimos qué se practica y con qué instrumentos. Mapa, brújula y puntos de referencia del terreno quedan acordados, así nadie improvisa sobre la marcha.
Desde la primera consulta hasta el regreso al refugio, cada etapa tiene un responsable y un criterio claro. Así se organiza una jornada en los bosques y lagos alrededor de San Martín de los Andes.
Preguntamos experiencia previa, edades, condición física y expectativas. Con eso definimos si conviene un sendero corto, una travesía con noche o un taller de orientación en el día.
Elegimos zona según época del año, caudal de arroyos y pronóstico. Armamos horarios realistas, puntos de encuentro y un plan alternativo si el viento o la lluvia obligan a cambiar de rumbo.
Enviamos una lista de ropa, calzado y elementos personales. Revisamos botiquín, radio, mapa y brújula, y confirmamos quién lleva cada cosa compartida antes de salir.
Durante la jornada practicamos orientación, cocina de campamento y lectura del entorno. Los guías corrigen técnicas sobre la marcha y ajustan el ritmo según el grupo.
Al volver revisamos qué funcionó, qué quedó pendiente y qué habilidades conviene reforzar. Dejamos registro de residuos retirados y del estado de los sitios visitados.
Compartimos material de práctica para quien quiera seguir entrenando entre salidas. Si el grupo lo pide, coordinamos la próxima experiencia con otro enfoque.
Este orden se repite en cada propuesta, aunque cambie el destino. Si querés ver el detalle de cada tipo de salida, revisá nuestras experiencias o volvé a la página principal.
Cada temporada en San Martín de los Andes dejó una corrección. Estos son los momentos que cambiaron la forma en que preparamos, guiamos y cerramos una salida.
Temporada 2016
Arrancamos con salidas cortas de un día: caminata, almuerzo y regreso antes del viento de la tarde. Aprendimos que el horario no se negocia y que el grupo se mueve al ritmo del más lento.
Temporada 2018
Después de dos rescates evitables en senderos sin señal, sumamos un bloque obligatorio de mapa y brújula antes de cada travesía. La declinación local se corrige en el aula, no en el bosque.
Temporada 2020
Reescribimos los menús tras varias salidas con ráfagas fuertes. Pasamos a hornillos con cortavientos, redujimos utensilios y dejamos el fogón solo para sitios habilitados y sin alerta de incendio.
Temporada 2022
Incorporamos el manejo de aguas grises, jabones biodegradables y el retiro total de residuos. Cada grupo sale con una bolsa asignada y vuelve con ella llena. La fauna se observa a distancia, sin excepciones.
Temporada 2024
Extendimos las travesías a dos y tres noches. Sumamos una reunión previa obligatoria y una devolución posterior por escrito, donde revisamos qué funcionó y qué ajustar en la próxima preparación.
Trabajamos por etapas y cada una deja algo concreto: una decisión tomada, un material listo, una duda resuelta antes de salir al terreno. Estos son los puntos donde más se nota el orden.
Antes de caminar, definimos qué se practica y con qué instrumentos. Mapa, brújula y puntos de referencia del terreno quedan acordados, así nadie improvisa sobre la marcha.
Elegimos recetas y combustible según el clima esperado. Se cocina con cortavientos, se calculan tiempos reales y se planifica qué sobra para no cargar de más.
Cada salida define de antemano cómo se separan orgánicos e inorgánicos y qué se lleva de vuelta. El sitio queda igual o mejor de como lo encontramos.
Los tiempos de marcha se ajustan a la experiencia real de quienes participan. Preferimos tramos cortos bien hechos que jornadas largas con el grupo agotado.
Fuego contenido, distancia a la fauna y protocolo ante cambios de clima se explican antes de partir. Nadie sale al bosque sin saber qué hacer si algo se complica.
Equipo, capas de ropa y lista de salida se revisan días antes. Llegar con lo justo evita préstamos de último momento y salidas retrasadas.
Si querés ver cómo se aplica este orden en cada programa, revisá las experiencias y actividades o consultá las soluciones para grupos.