Orientación con mapa y brújula
Práctica de rumbos, lectura de curvas de nivel y corrección de declinación magnética en los senderos del Parque Nacional Lanín. Sin señal, sin apps: instrumentos y terreno.
Si es tu primera temporada en la cordillera, o si ya caminaste pero nunca armaste una salida de varios días, acá vas a encontrar las herramientas concretas que hacen la diferencia entre improvisar y saber qué estás haciendo.
Práctica de rumbos, lectura de curvas de nivel y corrección de declinación magnética en los senderos del Parque Nacional Lanín. Sin señal, sin apps: instrumentos y terreno.
Elegir hornillo, armar cortavientos, calcular combustible y cocinar menús que aguantan el transporte. Incluye manejo responsable del fuego y limpieza del sitio.
Gestión de residuos sin contenedores cerca, aguas grises, jabones biodegradables y distancia a la fauna. Pautas de mínimo impacto aplicadas al día a día del campamento.
Planificación de jornadas según desnivel, carga y clima. Cómo leer el pronóstico patagónico, cuándo dar vuelta y cómo dosificar el ritmo en grupo.
Lista de equipo por estación, revisión de mochila, plan de comunicación con quien se queda y protocolo básico ante accidentes leves en zonas sin cobertura.
Convivencia en refugios, horarios de silencio, uso del agua y criterios para suspender una actividad cuando el viento o la niebla cambian el panorama.
Si querés ver cómo se combinan estas capacidades en una salida completa, revisá nuestras experiencias guiadas o el enfoque de trabajo que aplicamos en cada grupo.
Muchos chicos de la ciudad nunca armaron una carpa ni encendieron un fuego controlado. En dos o tres días de campamento en los bosques de San Martín de los Andes, esa distancia se acorta y quedan hábitos que siguen usándose en casa.
Los chicos aprenden a leer un mapa, tomar un rumbo con brújula y reconocer arroyos y filos del terreno. Al volver, saben ubicarse en un sendero aunque el teléfono no tenga señal.
Menús simples con hornillo y leña, adaptados al viento cordillerano. Se practica medir agua, calcular tiempos y limpiar los utensilios sin dejar restos en el sitio.
Cada grupo gestiona sus residuos, usa jabones biodegradables y respeta la distancia con la fauna. Es una rutina concreta, no un discurso: se practica desde el primer día.
Antes de cada salida se revisa equipo, abrigo y capas según el pronóstico. Los participantes arman su propia lista y aprenden a descartar lo que sobra.
Caminatas cortas por senderos de bosque y orilla de lago, con paradas para observar huellas, cortezas y aves. La idea es que el ritmo lo marque el grupo, no la prisa.
Repartir tareas, resolver un nudo, decidir cuándo volver. Los chicos salen con más confianza para moverse en la naturaleza y con ganas de repetir la experiencia.
Si querés ver cómo se organizan estas salidas por edades y temporada, revisá nuestras experiencias o escribinos por contacto.